«Ya no tengo aerofagias», digo.
«Todo está en calma».
Nadie responde.
«He terminado el libro de Santi», añado.
«Y cuando tenga dinero iré a Barcelona».
«A ver a Lore».
Pausa.
«Llevo dos meses nadando».
«Cuatrocientos largos».
«¿Y no te cansas?».
«No», respondo.
«El espíritu no me deja».
Silencio breve.
«De momento no hay fases críticas».
Asienten.
«Es lo mejor que tengo», digo.
«El espíritu».
Miro el teléfono.
«Llamo a Kikón todos los días».
«¿Y qué te dice?».
«Le pregunto por mi niña».
«Y responde: “Como ayer”».
Pausa.
«Es su forma de decirme que llamo demasiado».
Alguien sonríe.
«Ha enviado la reseña del libro de Santi», continúo.
«A quince asociaciones de síndrome de Down».
«Eso ayudará».
«Eso espero».
Silencio.
«Hoy ha venido Javi», digo.
«Me ha invitado».
Nadie pregunta.
«Consumo hachís», añado.
«Lo sé».
Pausa.
«Para mí es una forma de empezar el día».
Silencio largo.
leopoldo
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