—Mira, mami. Qué bonitas.
—¿El qué?
—Las gaviotas.
—Sí. Son preciosas.
—Ojalá pudiera volar.
—Ni lo sueñes.
—Seguro que me agarran.
—No digas tonterías.
—Que sí, mami. Que me agarran.
—No.
—Sí.
—No.
—Mira.
Abrió la ventana.
—Ni se te ocurra…
Pero ya había saltado.
En medio minuto desapareció.
Las gaviotas lo sostuvieron.
—¿Ves? Te lo dije.
—¿Dónde estás?
—En el país de los sueños.
—Baja ahora mismo.
—Aquí está María Paqui comiendo marrón glacé.
—¿Qué dices?
—Y Carlos toma helado de crema catalana.
—Vuelve.
—Luego.
Las gaviotas siguieron avanzando.
La ventana quedó abierta.
La madre no dijo nada más.
leopoldo
Añadir comentario
Comentarios