—En dos meses cobraré unos cincuenta mil euros.
Lo dijo sin énfasis. Como un dato.
El dinero venía de la venta de unas fincas en Santa Comba, heredadas de su padre.
Había donado el resto de la herencia a su hija Julia.
Los pisos de la antigua inmobiliaria serían para ella.
Pero el dinero de las fincas se lo reservó.
No por necesidad. Por decisión.
Su editora, Lore, hizo un comentario al margen. Ligero. Algo irónico.
Que su hija, quizá, lo querría más ahora.
No respondió.
El asunto seguía en manos del abogado, Venancio.
Ajustaba cifras. Buscaba reducir la carga fiscal.
La última estrategia era esperar.
No vender hasta cumplir el plazo.
Cinco años.
Con eso, los impuestos quedarían prácticamente en cero.
No había prisa.
El dinero ya tenía destino.
Aunque no estuviera dicho.
leopoldo
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