Javi

Publicado el 26 de mayo de 2026, 17:08

Es mi hermano mayor.

Todavía lo veo en la Vespa Primavera 75, cruzando Pontevedra con Mónica Moreira detrás, vestido como un señorito moderno, mientras yo apenas entendía nada de la vida.

Con los años todo cambió.
O quizá cambió la forma de mirarlo.

Sermoneaba a la Paca.
Control. Orden. Disciplina.

Pero detrás de aquellas broncas había otra cosa.

Amor.

Se le veía en los ojos.

Gracias a él salí de una vida perdida entre porros, noches y desgana.
Fue él quien me empujó hacia Madrid, hacia el Colegio Mayor Universitario San Pablo CEU, donde estudié Periodismo y descubrí el rugby y la escalada.

La montaña me llegó por Javi.
Fue mi maestro.

Siempre supe que dentro de él había un Cabanillas auténtico.
Bastaba verlo bailar sevillanas en las fiestas.

El Bellocino no sabía bailar.
Ni besar.

Luego vino el terremoto.

La separación de nuestros padres.
La familia rota.

Y mientras todos se dispersaban, Javi mantuvo algo parecido a una autoridad moral.

No por fuerza.
Por presencia.

Entonces apareció Ana Pardina.
Pintora.
Decoradora.

Una mujer con alma artística.

Y Javi encontró compañía para esa parte sensible que siempre escondía detrás del empresario.

Con los años levantó empresas, trabajó como un animal y prosperó.
Casa grande.
Responsabilidades grandes.

Y yo, el hermano poeta, inconstante y roto, seguí apareciendo una y otra vez en su puerta.

Nunca me dejó caer del todo.

Cuando el Bellocino faltó, algo quedó claro para todos:

la figura paterna pasó a ser él.

No es perfecto.
Ninguno lo somos.

Pero ha estado.

Y eso pesa más que muchas palabras.

Javi.

Te quiero mucho.

 

 

leopoldo

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