El TCE sigue ahí.
Treinta y cinco años después.
Hay cosas pequeñas que no consigo fijar.
Las llaves, por ejemplo.
Nunca sé si las llevo encima.
Y si las dejo en casa, suelen aparecer junto al móvil.
El problema es que tampoco sé dónde está el móvil.
Intenté organizarme.
Las llaves en el bolsito-que-siempre-llevo-encima.
Error.
Entonces apareció otra pregunta:
¿Dónde está el bolsito?
Al final encontré una solución más o menos estable.
Las llaves van colgadas junto al móvil, en el cordón que llevo al cuello.
Así al menos noto el peso.
El otro bloqueo es el dinero.
Cada mañana Hicham me deja dos euros con cuarenta para el café.
Y el hachís del día.
Cuando toca ADACECO, veinte más para José-el-taxista.
José nunca protesta.
Nunca mete presión.
Por eso siempre siento que estoy en deuda con él.
Son fallos pequeños.
Pero constantes.
La gente piensa que un traumatismo craneal termina cuando sales del hospital.
No.
Luego empieza otra cosa.
Aprender sistemas.
Repeticiones.
Rutinas.
Y convivir con la sensación de haber olvidado algo.
Aunque no sepas qué.
leopoldo
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