Nació en Monforte de Lemos en 1958.
Abandonó la carrera de Sociología. Vivió deprisa. Leyó mucho. Aprendió idiomas. Escribió como quien se juega algo importante.
Luchó contra la enfermedad y convirtió el dolor en literatura.
Inglés. Francés. Alemán.
Y una voluntad feroz de comprender el mundo.
Participó en la revista Loia junto a Manuel Rivas y Antón Patiño. Y acabó convirtiéndose en una de las voces más singulares de la literatura gallega contemporánea.
Para mí fue algo más.
Un referente.
Paso muchas mañanas en la sala de lectura de Boandanza, en A Coruña.
Estudio idiomas.
Sobre todo árabe.
Leo. Tomo notas. Intento comprender culturas distintas a la mía.
Por las tardes escribo.
Poesía.
Narrativa.
Artículos.
Lo que vaya pidiendo el día.
Vivo de una pensión por discapacidad. Dispongo de tiempo. Y he decidido emplearlo en aquello que da sentido a mi vida: la literatura y el aprendizaje.
Por eso vuelvo tantas veces a Lois Pereiro.
Porque demostró que la creación puede surgir de los lugares más difíciles.
Que la belleza no pertenece a los triunfadores.
Que también puede nacer en la enfermedad, en la fragilidad y en los márgenes.
Lois no escribía desde la comodidad.
Escribía desde la necesidad.
Y quizá por eso sigue vivo.
Cada poema suyo parece escrito por alguien que sabe que el tiempo es limitado.
Alguien que no quiere desperdiciar una sola palabra.
Yo sigo sus pasos como puedo.
Con mis libros.
Con mis limitaciones.
Con mis obsesiones.
Intentando, como él, encontrar algo de belleza en medio del caos.
leopoldo
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