Previos a la entrevista

Publicado el 9 de junio de 2026, 9:11

Dentro de dos horas entrevistaré a David, terapeuta de ADACECO.

Forma parte de mi próximo libro: Terapeutas: Rescatadores de almas.

Y estoy acelerado.

Demasiado.

Tengo sobre la mesa Crónicas de Jerusalén, de Guy Delisle. El curso de árabe del profesor Husein suena de fondo. Intento leer. Intento estudiar.

Pero mi cabeza ya está en la entrevista.

Me doy cuenta de que, cada vez que empiezo un proyecto nuevo, reaparece una sensación antigua.

La del periodista.

La urgencia.

La necesidad de llegar preparado.

La impresión de que algo importante está a punto de ocurrir.

Ya voy por cuatro cafés diarios.

Y varios porros para compensar el exceso de velocidad mental.

Lo curioso es que hace años trabajaba en periódicos. Ahora escribo libros.

Y los libros deberían ser más lentos.

Más pausados.

Pero no siempre lo son.

A veces generan una tensión distinta.

Más profunda.

Más íntima.

Además, tengo una sospecha.

Nunca he sido un escritor puro.

Pienso como periodista.

Observo como periodista.

Escribo como periodista.

Y de vez en cuando aparece un verso y desordena todo.

Quizá por eso mis libros son como son.

Mientras tanto, la lore sigue ahí.

Corrigiendo.

Orientando.

Evitando que me pierda por completo en mis propios laberintos.

Y en medio de todo esto me llama Javi.

Quiere saber si ha llegado la factura de la silla salvaescaleras.

La silla que me permitirá entrar y salir de casa con menos dificultad.

La conversación dura apenas unos minutos.

Pero me tranquiliza.

Como tantas otras veces.

Dentro de dos horas estaré frente a David.

Grabadora encendida.

Libreta abierta.

Y una pregunta rondándome la cabeza:

¿Quién rescata realmente a los rescatadores?

 

 

leopoldo

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