—¿Cuándo piensa pagarme la factura pendiente? —preguntó la editora.
—Podría dirigirse a mí con más educación.
—Llevo meses haciéndolo. Ahora solo le pido que cumpla lo acordado.
El autor prometió que pagaría pronto. Ya lo había prometido otras veces.
La editora regresó a su mesa y abrió la carpeta de facturas pendientes. Desde que había encontrado aquel taco de papeles, su oficio había empezado a cambiar.
Había comenzado editando libros. Ahora también era contable, administrativa y cobradora. La mutación no figuraba en ningún presupuesto.
leopoldo también había puesto a prueba su paciencia más de una vez, aunque finalmente siempre pagaba. Aquello, visto el panorama, empezaba a parecer una virtud.
La editora revisó otra vez las cuentas. Seguían sin salir.
Durante unos minutos pensó en abandonar el oficio y buscar cualquier otro trabajo. Después comprendió que no quería dejar de ser editora. Quería que le pagaran por serlo.
Cuando llegara el próximo ingreso, iría a una pastelería y compraría algo innecesario. Un pequeño exceso pagado con su propio trabajo.
Después regresaría a los libros.
Y a las facturas.
leopoldo
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