A las doce

Publicado el 25 de agosto de 2026, 18:35

Todos los días, alrededor de las doce, J. entra en la sala de lectura y me enseña lo que ha encontrado por la calle.

No suelen ser porros enteros. Son restos que recoge y guarda para después.

Bajamos las escaleras y nos dirigimos a los bancos situados junto al comedor. Poco a poco, aquel encuentro se ha convertido en una costumbre.

Un día quise darle algo de dinero.

—No voy a fumar contigo todos los días sin aportar nada —le dije.

J. protestó. Después guardó el dinero en el bolsillo con una ceremonia inesperada.

Nos sentamos.

—Este hachís da mucha paz —comentó—. Tiene mucho aceite. Ahora solo falta que el día sea tan bueno como ayer.

Lo escuché y pensé que habíamos convertido una dependencia en una cita diaria.

La escena tenía algo de compañía, pero también algo preocupante. La paz de J. dependía de lo que encontraba en el suelo. La mía tampoco parecía estar demasiado lejos de aquello.

Aún no sé qué hacer con esta costumbre.

Escribirla es una forma de dejar de verla como una anécdota.

 

leopoldo

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