Arroz y pescado

Publicado el 10 de septiembre de 2026, 8:36

Hoy, en Boandanza, éramos diez.

Y Javi estaba en la puerta.

—¿Qué, Javi?

—Hoy nada.

Se refería al hachís.

No llevaba nada para invitarme.

La asistencia al comedor había bajado. Llovía y acabábamos de entrar en septiembre. Quizá la gente prefirió quedarse bajo techo.

Javi, en cambio, estaba radiante.

Le brillaban los ojos.

—Hoy voy a ver a mi hija.

Eso explicaba todo.

—Mira lo bien que me da de comer —añadió, señalándose el cuerpo—, que no engordo ni un kilo.

—Eso será metabolismo.

—Eso será que soy guapo.

No quise discutir.

Comimos arroz y pescado.

Después le propuse que esperara en casa conmigo hasta las tres.

—Viene mi camello a traerme el chocolate.

—No.

—¿No qué?

—Que me voy.

Y se fue.

Javi tiene esa manera suya de desaparecer por el barrio. Camina sin dirección aparente, dobla una esquina, cruza otra calle y al poco su figura se confunde entre los edificios.

Siempre pienso que volveré a encontrarlo.

Y casi siempre ocurre.

Hay personas que no parecen vivir en un barrio.

Parecen formar parte de él.

 

leopoldo

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