Anteayer, lunes, falté a mi cita con Santi, el fisio de ADACECO.
Se me olvidó.
No tengo una explicación más digna.
Llamé.
—Perdona, Raquel. Estoy liadísimo con mis libros y se me pasó por completo.
Raquel no pareció enfadada.
—No te preocupes. Mientras sea por tus libros, es buena noticia. Nos vemos el miércoles.
—Eso espero.
Hoy es miércoles.
A las nueve y media viene José, mi taxista, para llevarme a Bankinter.
Tengo que pagar a mi editora otros 3.100 euros por la edición de Terapeutas.
Cuando Julia se enteró, casi le da algo.
—Papá, yo contaba con ese dinero para cuidar a Santi.
—Julia, cielo, te recuerdo que ya os he adelantado la herencia.
—Papá…
—Tres pisos, fincas y dinero.
No pareció tranquilizarla.
Hicham fue más concreto.
—Kiko, tú ya te has gastado veinte mil euros en libros.
—Puede.
—¿Cómo que puede?
—No llevo las cuentas porque sufriría.
A mi querida editora le digo lo mismo:
—Sé que me cobras lo mínimo y que me ayudas todo lo que puedes. Pero me he quedado sin blanca.
Y esto, para un escritor, tiene algo de tradición literaria. Aunque no por tradicional resulta más agradable.
A la una y media me recoge el autobús de ADACECO.
Primero, terapia psicológica con Jesy.
Después, fisioterapia con Luisana.
Entre el banco, los libros, la rehabilitación y la poesía se me va el día.
A veces pienso que debería elegir una sola cosa.
Después se me pasa.
leopoldo
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