Adaceco y poesía

Publicado el 10 de septiembre de 2026, 8:36

Anteayer, lunes, falté a mi cita con Santi, el fisio de ADACECO.

Se me olvidó.

No tengo una explicación más digna.

Llamé.

—Perdona, Raquel. Estoy liadísimo con mis libros y se me pasó por completo.

Raquel no pareció enfadada.

—No te preocupes. Mientras sea por tus libros, es buena noticia. Nos vemos el miércoles.

—Eso espero.

Hoy es miércoles.

A las nueve y media viene José, mi taxista, para llevarme a Bankinter.

Tengo que pagar a mi editora otros 3.100 euros por la edición de Terapeutas.

Cuando Julia se enteró, casi le da algo.

—Papá, yo contaba con ese dinero para cuidar a Santi.

—Julia, cielo, te recuerdo que ya os he adelantado la herencia.

—Papá…

—Tres pisos, fincas y dinero.

No pareció tranquilizarla.

Hicham fue más concreto.

—Kiko, tú ya te has gastado veinte mil euros en libros.

—Puede.

—¿Cómo que puede?

—No llevo las cuentas porque sufriría.

A mi querida editora le digo lo mismo:

—Sé que me cobras lo mínimo y que me ayudas todo lo que puedes. Pero me he quedado sin blanca.

Y esto, para un escritor, tiene algo de tradición literaria. Aunque no por tradicional resulta más agradable.

A la una y media me recoge el autobús de ADACECO.

Primero, terapia psicológica con Jesy.

Después, fisioterapia con Luisana.

Entre el banco, los libros, la rehabilitación y la poesía se me va el día.

A veces pienso que debería elegir una sola cosa.

Después se me pasa.

 

leopoldo

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