Javi del Ventorrillo

Publicado el 19 de septiembre de 2026, 9:33

Javi va por la calle con zapatillas de felpa, de esas de andar por casa.

Medio calvo. Despeinado.

Como si hubiera salido un momento a comprar pan y llevara veinte años sin volver.

Tiene sesenta y cinco años y es electrónico. Trabajó en Alemania. Ahora cobra una pensión modesta y repara radios y televisores en casa.

—¿Y luego qué haces con ellos?

—Los regalo.

Lo dice sin darle importancia.

Casi todos los días coincidimos a la puerta del comedor social de Boandanza.

—¿Hay algo?

Javi mete la mano en el bolsillo.

A veces sí.

Cuando le compro a David cinco euros de hachís, invito yo. Pero la mayoría de las veces fumamos gracias al peculiar sistema de abastecimiento de Javi: recoger por la calle lo que otros dejan.

Riazor.

El Ventorrillo.

Una acera.

La entrada de un portal.

Javi encuentra pavas como otros encuentran monedas.

Las abre con paciencia, recupera el hachís que queda dentro y después lía unos porros magníficos.

—Comprar es un atraco, Kiko. Cinco euros y te dan tres putos porros. Yo fumo gratis todos los días.

Lo dice con la satisfacción de quien ha descubierto una grieta en el capitalismo.

Luego recuerda tiempos mejores.

—Antes con mil pesetas te fumabas diez.

—Mil pesetas son seis euros, Javi.

—Pues eso. Ahora por seis euros no haces nada.

Se indigna de verdad.

La inflación también ha llegado al hachís.

Después fumamos.

Él con sus zapatillas de casa.

Yo apoyado donde puedo.

La gente entra y sale del comedor.

Javi me cuenta alguna historia de Alemania o de cuando trabajaba reparando aparatos. Ahora arregla radios que nadie arreglaría y televisores que quizá nadie necesita.

Después los regala.

Tiene poco.

Pero todavía encuentra cosas que dar.

A veces pienso que Javi vive de una economía distinta.

Recoge lo que otros tiran.

Arregla lo que otros desechan.

Y fuma lo que otros dejan a medias.

Luego se marcha calle abajo, despeinado, con sus zapatillas de felpa.

Como si el Ventorrillo fuera también el pasillo de su casa.

 

leopoldo

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