Insertado

Publicado el 8 de octubre de 2026, 10:02

Socialmente.

Han pasado treinta años desde que sufrí un traumatismo craneal en un accidente de tráfico.

Tres meses en coma.

Ahora vivo en un piso pequeño del Ventorrillo, en A Coruña, con dos marroquíes a los que he acogido.

Les doy clases de español.

Los pongo en contacto con ONG.

Tengo reconocidas una incapacidad absoluta y una discapacidad y, gracias a ello, cobro una maravillosa pensión.

Lo de maravillosa es mío.

Las mañanas las paso en la sala de lectura del centro Boandanza.

Estudio idiomas.

Árabe.
Francés.
Portugués.
Alemán.
Inglés.

No sé si llegaré a hablarlos todos, pero sigo.

Sobre las once me fumo un porro con Javi.

Después como en el comedor social.

Algunos días regreso a estudiar.

Otros vuelvo a casa y escribo para el blog de Lore.

Y, si hay, fumo hachís.

A las seis de la tarde estoy agotado.

Pero con espíritu.

Enciendo la televisión y veo el Canal 24 Horas. Me interesan las guerras. Las sigo también por internet.

Quiero saber qué ocurre fuera.

Después llega la hora del teléfono.

Enrique es mi principal víctima.

También Chemi.

También Javier.

A las diez me acuesto.

Generalmente emporrado.

A las seis de la mañana ya estoy despierto.

Hago mis cuatrocientos fondos.

Desayuno magrebí.

Y vuelvo a la sala de lectura.

Supongo que estar insertado socialmente consiste en algo parecido.

Tener un sitio al que volver.

Gente a la que llamar.

Alguien a quien enseñar español.

Cinco idiomas que todavía no hablas.

Y mañana, a las seis, cuatrocientos fondos otra vez.

 

leopoldo

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