Salvado

Publicado el 8 de octubre de 2026, 10:02

Veréis qué fácil es.

Yo imagino.

Y escribo lo que me dicta el alma.

Al principio hago un croquis, naturalmente.

Nunca sirve.

La creación tiene esa mala costumbre: en cuanto uno cree saber adónde va, aparece algo que no estaba previsto y lo cambia todo.

Por eso sigo.

Mientras pueda, creando.

Yo creo que soy poeta.

Mi primer libro está ahí para demostrarlo.

¿Verdad, Kikón?

Pero hay otro libro.

Mi libro.

Poesía.

Así, sin más.

Ese libro vivirá conmigo mientras yo viva.

No pienso publicarlo.

No pienso enseñarlo para que me digan si es bueno, malo, publicable, vendible o conveniente.

Será mío.

Hasta que me muera.

Después podrán hacer con él lo que corresponda.

Para eso están las Pérez.

Una de ellas, por cierto, se confundió de marido y acabó casándose con Leopoldo.

Nadie acierta siempre.

He pasado demasiados años para preocuparme ahora por el reconocimiento social.

La poesía que más me importa no necesita que nadie la reconozca.

Me basta con saber que está ahí.

Escrita.

Guardada.

Conmigo.

Y cuando yo ya no esté, será de mi hija Julia.

Entonces podrá hacerse pública.

Yo no estaré para verlo.

Quizá sea mejor así.

 

leopoldo

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios