Dentro de un mes, aproximadamente, me voy a Marruecos.
A Chefchaouen.
Con Mohamed, uno de mis acogidos.
Vamos a conocer a su madre.
Bueno, yo voy a conocerla.
Él lleva quince años sin verla.
Quince años.
Mohamed perdió a su padre siendo adolescente. Desde entonces ha tenido que arreglárselas como ha podido.
Cruzó el Estrecho a nado para llegar a España.
Ahora vive conmigo.
Le he enseñado español, como a sus hermanos Abderramán y Mustafá.
En casa estamos Mohamed, Mustafá y yo.
Mohamed trabaja de albañil cuando encuentra trabajo.
Mustafá, de pintor.
Abderramán hace lo que sale.
No es una vida fácil.
Pero ahí están.
Trabajando cuando pueden.
Buscándose la vida.
Y aprendiendo español.
Mohamed me considera su nuevo padre.
O quizá soy yo quien necesita decirlo así.
En cualquier caso, nos queremos.
Y ahora voy a acompañarlo a ver a su madre.
Tengo unas ganas enormes de conocerla.
También de vivir durante un mes en el Marruecos rural, entre sus costumbres, sus comidas y esa manera de entender el tiempo que tanto me atrae.
Estoy enamorado de la cultura árabe.
No es ningún secreto.
Para mí, aquel viaje será una especie de droga dura.
Habrá laban.
Cuscús.
Y, si se presenta la ocasión, hachís.
Mi discapacidad no va a impedirme disfrutarlo.
Hace tiempo que aprendí a convivir con ella.
Desde Chefchaouen, la ciudad azul, viajaremos por Marruecos.
Marrakech también me espera.
Llevaré mis libretas.
Siempre las llevo.
Porque hay cosas que uno ve y olvida, y otras que necesita escribir para terminar de comprenderlas.
Pienso tomar notas de todo.
De las calles.
De las conversaciones.
De los hombres sentados a las puertas de sus casas.
De los mercados.
De las comidas.
Y, sobre todo, de ese momento en que Mohamed vuelva a encontrarse con su madre.
No sé qué se dirán.
Después de quince años, quizá no hagan falta demasiadas palabras.
Estaremos un mes.
A nuestro regreso, Mohamed tiene previsto empezar a trabajar por cuenta propia con su hermano Ibn.
Yo volveré al Ventorrillo.
A mis libros.
A mis rutinas.
Y a Lore.
Porque hay algo que me preocupa de este viaje: pasar tanto tiempo desconectado de mi editora.
Ya me estoy imaginando su cara cuando regrese con las libretas llenas.
—Lore, tengo otro libro.
Y ella tendrá que ponerse a trabajar.
Otra vez.
Un libro en prosa poética.
Con sabor árabe.
Pero eso será después.
Ahora lo importante es llegar a Chefchaouen.
Mohamed lleva quince años esperando volver a ver a su madre.
Yo solo tengo que esperar un mes.
leopoldo
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