Soy un drogadicto

Publicado el 2 de noviembre de 2026, 14:39

Soy un drogadicto.

Por convicción intelectual.

O eso me digo.

Hay días en que la realidad resulta tan poco recomendable que uno necesita encontrar alguna manera de trascenderla.

Yo he elegido el hachís.

La medicina del alma, como dice Musta.

Me abre el apetito.

Me ayuda a dormir.

Y, según mi experiencia, hasta el deseo parece tomarse ciertas libertades.

No está mal.

Aunque tampoco voy a convertirlo en una virtud.

Fumo porque me gusta.

Porque encuentro placer en ello.

Y porque, a estas alturas, todavía me quedan algunas costumbres que no pienso justificar ante nadie.

Pero el caballo es otra cosa.

La heroína.

Ahí empieza un territorio que prefiero contemplar desde lejos.

He visto lo que puede hacer con una vida.

El deterioro.

La dependencia.

El dinero que desaparece.

La dignidad que algunos terminan perdiendo en el intento de conseguir otra dosis.

No siempre.

No todos.

Pero demasiados.

Y, sin embargo, comprendo la tentación de quien ya no espera nada.

Un instante de evasión.

Una tregua.

La promesa de dejar de sentir aquello que resulta insoportable.

Una promesa bastante tramposa.

Porque después viene el precio.

Y suele ser demasiado alto.

Yo amo la vida.

Con sus averías.

Con sus desgracias.

Con sus momentos de felicidad perfectamente injustificada.

Quiero seguir leyendo.

Escribiendo.

Enamorándome.

Discutiendo.

Haciendo mis cuatrocientos fondos por la mañana.

Pero a veces pienso en el final.

En esos últimos días en los que quizá ya no pueda hacer nada de todo eso.

Y entonces me descubro deseando algo que ahora mismo rechazo.

Que alguien me ayude a no sufrir.

En mi imaginación aparece el caballo.

No sé si llegado el momento seguiría pensando lo mismo.

Probablemente tendría miedo.

Como cualquiera.

Porque una cosa es hablar de la muerte mientras uno está vivo.

Y otra muy distinta tenerla delante.

Soy un drogadicto.

Por convicción intelectual.

Eso digo.

Aunque quizá, en el fondo, lo que más me interesa no sea trascender la realidad.

Sino soportarla lo suficiente para seguir viviendo.

 

leopoldo

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