Trip OK. Magreb

Publicado el 2 de noviembre de 2026, 14:39

Dentro de dos semanas estaré en Marruecos.

O eso espero.

Porque antes de emprender un viaje hay que resolver una cantidad considerable de asuntos que tienen muy poco que ver con el espíritu aventurero.

El jueves tengo cita con mi médica de cabecera, María Teresa González Rodríguez, en el Centro de Salud de Labañou.

Sustituye al gran Pablo Vaamonde.

Pablo se jubiló.

Y con él desapareció una de esas pequeñas seguridades que uno va acumulando a lo largo de los años.

Lo primero son las pastillas.

Tengo que llevar suficiente medicación para todo el viaje.

Las cajas vienen con veintiocho comprimidos.

Y yo estaré fuera más tiempo.

Así que necesito revisar las recetas de Zyprexa de diez miligramos y asegurarme de que no me falte tratamiento.

Con mis antecedentes neurológicos no conviene improvisar.

Después están los pañales.

La incontinencia urinaria tiene la mala costumbre de no respetar las vacaciones.

Y no quisiera provocar inundaciones en territorio marroquí.

El pasaporte ocupará un lugar de honor.

También la guía turística.

Antes de marcharme tendré que devolver los libros a la biblioteca del Ágora.

Aunque pienso llevar conmigo una pequeña delegación de poetas.

Leopoldo María Panero.

Lois Pereiro.

Gil de Biedma.

Juan de la Cruz.

No está mal para un viaje al Magreb.

Cuatro compañeros de carácter bastante diferente.

Y ninguno especialmente recomendable para organizar una excursión.

También tengo que hablar con Ana Julia y con Lore.

La presentación de La Paca sigue pendiente.

Cobito, mi amigo y colega escritor, se encargará de entrevistarme.

Yo estoy convencido de que el libro encontrará lectores.

Lore, que entiende bastante más que yo de estas cuestiones, seguramente me pedirá que no confunda entusiasmo con ventas.

Tendrá razón.

Como casi siempre.

Pero ahora tengo otras preocupaciones.

Las recetas.

El pasaporte.

Los pañales.

Los libros.

Y Marruecos.

Sobre todo Marruecos.

Porque uno puede viajar con muchas cosas.

Pero hay dos que no debería olvidar nunca.

La medicación.

Y las ganas de vivir.

 

leopoldo

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